<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1223977511728865188</id><updated>2011-04-21T12:00:45.381-07:00</updated><title type='text'>demasiadaverdad</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://demasiadaverdad.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1223977511728865188/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://demasiadaverdad.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>m</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16029197730510583380</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>3</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1223977511728865188.post-3002702504643045564</id><published>2008-04-18T22:27:00.001-07:00</published><updated>2008-04-18T22:31:38.809-07:00</updated><title type='text'>La mulita</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Mi padre, un hombre serio y aficionado a la música romántica nos tenia realmente al borde de una depresión con José Luis Perales y su velero llamado Libertad, que parecía llevárselo a él con cama y todo a pasear por los océanos de sus sueños sino estaba sentado en la mesa con sus lentes gruesos y con esa expresión de concentración que delataba ese ceño contraído, marcadísimo por su carácter adusto, mientras estudiaba sus revistas de caballos. Me parecía increíble que hubieran personas que se tomaran el trabajo de pesar a los caballos, al jinete y de averiguar al padre, la madre y hasta abuelos del equino; él heredó ese cariño por la hípica de mi abuelo y mas tarde, fugazmente y no con la misma intensidad, yo de él.&lt;br /&gt;Fue en el verano de 1999, y gracias al ocio que me acaparaba, que dispuse mis tardes primero y mañanas después a ensayar mi suerte. Debo confesar que al principio me mostraba escéptico a esta práctica del azar. Probablemente, si el dinero puesto para esa aventura hubiera sido de mi peculio, jamás hubiera intentado ni siquiera la mas elemental apuesta en estas lides: el ticket a ganador. Al ser yo por eso años un estudiante universitario desempleado y moroso de propinas paternas, no habría tenido la manera de dotarme de aquellas, incluso, modestas cantidades de dinero. Fue así que mi padre financio mi fugaz vicio.&lt;br /&gt;Como todo novato pague un derecho de piso, por cierto caro; aunque no fuere para mi como para el bolsillo de mi mentor. Poco a poco fui adquiriendo esa experiencia que te hace sabio y paciente. Esa experiencia que se convierte en la brújula que guía la vida del viejo, aquella que aluza un camino muchas veces oscuro y tenebroso.&lt;br /&gt;Me sorprendió la diversidad que cundía en este tipo de juego. Existían en la hípica posibilidades heterogéneas que aumentaban, a mi entonces inexperto parecer, las probabilidades de ganar. Inaugure mi entrada a este mundillo apostando al primer lugar , es decir, compraba un ticket a ganador en cada una de las carreras; gracias a mi mentor claro esta, mejor dicho a su billetera.&lt;br /&gt;A veces me entusiasmaba con la mulita -que era acertar a los ganadores de las cinco primeras carreras - “a ver hazte una, de repente te la sacas” me decía; y yo lo hacia. Al principio no me entusiasmaba mucho y las hacia sin estudiar los datos que él me daba, solo… no se... el instinto me decía que ese caballo era, en unas cuantas ocasiones le pregunte a mi madre “di un numero del uno al diez”, o sacaba conclusiones tontas como que si era ligero debía ganar por que supuestamente era el menos pesado de todos, o en ocasiones solo me fijaba en el jinete menos gordo. Pero de mi padre aprendí que los ligeros se pueden cansar mas rápido en trechos largos mientas los pesaditos rematan en los últimos metros o algo así.&lt;br /&gt;Ya con el tiempo, y los domingos, debo confesar que me detenía cuidadosamente en cada dato que me proporcionaba la revista, aprendí a ver bien el peso del caballo, del jinete, de cuantas carreras habían ganado o en que puesto quedado, así como si había corrido en césped o arena, y hasta me ayudaba de la sección hípica de “El Comercio” y “La Republica”, es decir ya estaba dentro, camino a ser un “burrero”.&lt;br /&gt;Por esas fechas, como mencione, estaba de vacaciones de la Universidad San Marcos donde acababa de ingresar y mis ratos de ocio los dedicaba a “estudiar” el arte de la hípica, soñando que ganaba el premio gordo y que dejaba de estudiar y me iba trotar por el mundo, ¿que tan difícil podría ser después de todo?, es decir, solo eran diez caballos por carrera, las cuales eran diez también; y algunos de ellos se descartaban rápidamente por que debutaban, eran muy viejos o simplemente nunca habían ganado nada. Las opciones estaban ahí, solo había que ser buen observador. Mi padre se reía y decía que no era tan fácil; y yo cachosamente le respondía “es que eres salado que calzoncillo de pescador”. Por un momento pensé eso por que tenía como veinticinco años con el vicio, perdón...con el arte; un cuarto de siglo y los frutos no se veían, aunque en una ocasión comento que el se saco la polla -que es el premio gordo- pero que el ticket se había perdido ante una confusión de números, eso explicaba entonces que a veces yo encontrara entre las hojas de sus libros de psiquiatría algunos tickets pasados.&lt;br /&gt;Mi familia vivía en Breña sin embargo no me sentía cómodo en la chinganita de la esquina de la Av. Arica con Huaraz, lugar al que a veces iba mi padre a comprar los tickets a ultimo momento pues el frecuentaba otra por Pueblo Libre, donde se podría decir que “habitaban” algunos ancianos ya canosos, mestizos, o muy flacos o muy gordos, con la guayabera semiabierta, los pantalones ceñidos en sus prominentes huatas cheleras, y la cadenita bañada en oro de 14 quilates. Armados hasta los dientes con la sección hípica de los periódicos o semanarios especializados arrugados o doblados, que mostraban sin duda alguna que habían sido revisados, violentados al revés y al derecho succionando ávidamente de ellos toda la información que tuvieran y con apuntes de lapiceros sobre sus desgastadas hojas bulky.&lt;br /&gt;También estaban los que ya estaban en camino a pintar canas, señores de 40 o 50 años, criollazos ellos pero con sus lentes raybon de ambulante y la pequeña radio pegada al oído, quienes se juntaban en pequeños grupos a departir entre cigarros, cafés y a veces alguna botella de cerveza algunas bromas e intercambiar datos. Así, con el correr de los días algunos se iban ganando apodos. Como el joven (con cuarenta años) Telmecio, profesor de primaria y por lógica y por tratarse ambos de distritos de clase media debo de suponer que también habían los mismos personajes en donde mi padre desfogaba y exorcizaba su alma con gritos reprimidos y gestos de desesperación cada vez que un caballo les erizaba los pelos a todos sus apostadores en cada carrera.&lt;br /&gt;Yo prefería quedarme en casa y escuchar en la radio las carreras rezando ante cada remate de mi caballo favorito o puteando cuando este estaba al final o a veces cuando el narrador ni lo mencionaba. Sin darme cuenta le iba pidiendo a mi viejo las revistas cada vez que llegaba en la tarde de su trabajo -“ ¿y las revistas?”, además ya no le encargaba un ticket solo los domingos sino los sábado y después hasta los martes y jueves que también habían carrera aunque empezaban mas tarde y ya no era solo uno, eran variaciones de posibilidades que daban como resultado cuatro o cinco tickets que con mi padre en la mesa estudiábamos mejor concluyendo en comprar solo uno o dos como máximo para mi, pues era aún un principiante y le quitaba la posibilidad a él, con mas años y experiencia que lo hubiera convertido en docente, de comprar algún otro ticket que por demás nos hubiera llevado a la opulencia. Además ya la “mulita” aunque era mi juego preferido no era lo único a lo que apostaba si no también las “pollas” y “pollones” que consiste en acertar a los ganadores de todas las carreras que por lo general eran diez los fines de semana y siete los martes y jueves.&lt;br /&gt;Algunos domingos yo lo acompañaba al hipódromo, lugar al que mi padre nos llevaba desde niños a mi hermano menor y a mi cuando sentía que debíamos pasar mas tiempo juntos y fue ahí donde me percate de la emoción, de la adrenalina y placer que te da el juego, el apostar quizás hasta tu ultimo centavo, con tal de ganar. Aunque las pagas eran buenas por lo que recuerdo, estoy seguro que entre los burreros había cierta competencia por demostrar quien era el mas “estudioso”, cada dato que se intercambiaba en ese lugar se hacia solo en el grupo, y si querías formar parte de él tenías que introducirte ganándote a algún miembro con quizás algún favor como un café, o una empanada, un cigarro, una conversación amena o acceder cuando ya sin mas dinero en los bolsillos que una moneda de sol el nuevo camarada te decía: “ey, tengo una buena, esta si sale cholo...vamos a medias pues”, y la oportunidad estaba ahí solo había que tomarla.&lt;br /&gt;No recuerdo si ganaba o no pero cuando nos cansábamos de jugar en los columpios o en los toboganes siempre le pedíamos a mi padre, pasteles, dulces, gaseosas y otras cosas. Nunca nos negó nada así que debo suponer que salía victorioso de cada apuesta. Lo único que detestaba era regresar en colectivo hasta la casa, era lejísimos ya que vivíamos en Miraflores en esos años, antes de mudarme a Breña. Pero eso era cuando era niño, ahora ya adolescente íbamos en una sola “combi”.&lt;br /&gt;Todo seguía siendo igual: los gritos, la emoción, pero mis intereses eran otros. Observábamos con mi padre a los caballos que desfilaban para alegría de los niños y para nosotros los “burreros”, podíamos ver a los jinetes también, pequeños hombres con trajes multicolores que los asemejaban a ekekos, que ganaban mucho dinero sobre todo en países extranjeros donde según escuche eran los peruanos los mas solicitados. Para las carreras sobre césped nos trasladábamos al otro lado del hipódromo donde comprábamos un helado, cafés con empanadas y si la tarde no había sido tan buena una bolsita de maní o de canchita mientras esperábamos que empezara la carrera, por que ningún “burrero” que se sienta digno de serlo puede comer durante la carrera; ese es un momento santo, el examen final, el momento en que los poros se dilatan, los pelos se erizan, los músculos de la cara se contraen, las manos se alocan, el chicle es masacrado como nunca entre los dientes y por ultimo y faltando doscientos metros para la meta los gritos de desesperación brotan...el pulgar se junta con el índice y le dan duro a los otros; las aburridas esposas son dejadas de lado, los niños que no jodan y me paro en la silla...”vamos carajo”, algunos confiesan zoofilia “vamos mi amor”, “vamos cariño”, se muerden los labios y el narrador oficial del hipódromo por los altoparlantes que se aloca también, la vive –“ ¡ Y “La Campeona” a un cuerpo, por atráaaaas, “No me mires” rematando, “Sinforoso” señores, el “Negro” que se vieeeene, queee arraasa, ya llega, ya llega, se acercan a la meta!”-,-“ese debe haber jugado todo su sueldo” pensaba yo al ver a un moreno con expresión estupefacta; las revistas siendo exprimidas por algunos que reprimen los gritos, hasta el vendedor de maní mira su ticket ; y no muy lejos como una ironía de la vida justo arriba de las graderías populares el palco de socios grita también aunque con mas dificultad pues la corbata aprieta, se desesperan también, por ese momento todos son iguales dentro del hipódromo “vamos mi amor” gritan los dueños de los caballos, “vamos carajo” con binoculares en mano y lloran algunos por que señores los ricos también lloran y finalmente un “UHHHHH” acaricia las graderías cuando llegan a la meta, la gente se mira, algunos sonríen otros se agarran la cabeza y dejan escapar un carajo entre los dientes, pasa un segundo y nace el murmullo, los comentarios, las comparaciones entre colegas, los apuntes empiezan, el vecino te pregunta sin mirar tu le respondes sin mirar, solo interesa la revista -“Ves?, yo la tenia compare pero me falto plata, habla vamos a medias en la que viene, esta si saaale cholito...” y a cobrar los que sonrieron y si fuimos a medias “donde estas que no te veo” y los del carajo a repasar el tema que sigue. Y los domingos se volvieron hípicos, aunque mi padre rara vez perdía los estribos durante las carreras y durante su vida creo, pero abría bien los ojos intentando con la mirada quizás empujar a su favorito ya que cada victoria era un punto en la mulita que lo ponía mas cerca de la gloria, muchos la jugaban; otros solo a ganador y place, o también trifectas y cuatrifectas que eran un poco mas difíciles y mas caras, que requerían mas estudio y a los que mi padre también jugaba algún ticket. Me di cuenta que sin importar que jugaran había algo en común que unía a todo ese grupo de señores y alguna que otra señora en esa cuasi lucha constante que desataban cada martes, jueves y fines de semana en busca de cambiar el destino: la esperanza, esperanza de ganar y no solo por ni para ellos. Aprendí a respetar ese juego, y a la gente que como mi padre estudiaba hasta quemarse las pestañas tratando de descifrar quien iba a ser el ganador. Ya con el tiempo mi interés fue cediendo como casi todo en lo que me embarco, al ver el sueño de volverme rico muy lejano y difícil decidí dejar las revistas mientras mi padre seguía con ellas y los periódicos, insistiendo, por que “el que la sigue la consigue”, me hubiera gustado heredar de él esa terquedad y consecuencia cuando uno tiene un reto o quiere algo y el quería a los caballos y ellos lo retaban, como a todos los “burreros”. Llegaba a veces con pollos a la brasa, mermeladas, y aceitunas,.- “por poco me saco la mulita”- decía a veces y entusiasmado nos contaba que su caballo se paro increíblemente a pocos metros de la meta o simplemente le falto poco. E incluso llego a marcar increíblemente el record de invicto en las carreras entre los aficionados a la hípica pues cada tarde de martes, jueves, sábado o domingo que llegaba a la casa mi madre le preguntaba “ y como te fue chico?” ,-“ahí...bien, ni gane ni perdí”, nunca ganaba, pero al menos tampoco perdía. Mentira.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1223977511728865188-3002702504643045564?l=demasiadaverdad.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://demasiadaverdad.blogspot.com/feeds/3002702504643045564/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1223977511728865188&amp;postID=3002702504643045564' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1223977511728865188/posts/default/3002702504643045564'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1223977511728865188/posts/default/3002702504643045564'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://demasiadaverdad.blogspot.com/2008/04/la-mulita.html' title='La mulita'/><author><name>m</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16029197730510583380</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1223977511728865188.post-6547198132079606814</id><published>2008-04-18T21:33:00.000-07:00</published><updated>2008-04-18T22:30:58.529-07:00</updated><title type='text'>Tres soles, un mal día.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Palpo sus bolsillos, nada. Solo una moneda se perdía preciosa y solitaria, la acariciaba con las yemas de sus dedos. Las gentes: bólidos humanos, apurados e iracundos. Es el sol, pensó. Atacaba con fuerza, y aliada con la humedad convertía calles y avenidas en hervideros humanos, parques en paraísos mentirosos, las piletas de las plazas en oasis urbanos.&lt;br /&gt;¿Cuántas cuadras habré caminado? ¿Seis, siete? La camisa sudada, pegada al cuerpo, mas sudor naciendo de su frente, de sus sienes. El cráneo ardiendo, el aire caliente. El sudor, pensó, otra piel sobre la piel: pegajosa, salada, olorosa. El sudor, pensó otra vez, odio sudar.&lt;br /&gt;La avenida Wilson, ¿vena o arteria?, mira alrededor, arteria, definitivamente. Buses, coasters, combis, autos y gentes; una sangre bien espesa, bien ruidosa. Todos mezclados, al borde del delito, entreverados.&lt;br /&gt;La acera invadida, ahora estrecha, revienta. Ambulantes colonos en medio de la calle. Una orgía sonora estridente que marea: (- ¿Señor tiene hora?, ¡A sol la gaseosa, el agua mineral, a sol, a sol!, ¡Programas de computadoras, compre, compre!, ¡¿Copias amigo?!, ¡por aquí!, ¡ Ayodame papeto…ayodame…!)&lt;br /&gt;Pedro anda, sin saberlo, con el ceño fruncido. Todos andan sin saberlo. El sol se venga del mundo, piensa. Odio el verano, odio el sol. La boca seca, se moja los labios con la lengua.&lt;br /&gt;Recuerda. Otra vez la mano al bolsillo, ahí esta, si, aun. No olvidar: estoy en el centro, ojos bien abiertos. Agarra tu sol.&lt;br /&gt;Av Bolivia, ¿arteria o vena?, piensa, mira, vena nomás. Pedro se detiene con un mar de gente, luz roja. La ola se detiene. Buses prehistóricos, estelas de monóxido, combis asesinas, autos presurosos, peatones suicidas, conductores nerviosos. Luz verde, sigue la ola. Pasas raudo Pedro, rápido, tu mano en el bolsillo agarrando tu sol. “Helados Artika”, lee. Me cago de sed carajo.&lt;br /&gt;Se exalta de repente, ¡la mochila!, recuerda. Se detiene, la voltea, ahí esta, intacta y sin abrir. Revisa bien, corre el cierre, ahí están: “La Palabra del Mudo”, la botella de agua vacía, el currículum. Mira su reloj, casi las tres. El sol se metió a tu estomago, ahora arde también, vacío. Me cago de hambre, piensa. Un sol en el bolsillo.&lt;br /&gt;Dos matones, chavetas escondidas, recostados sobre la pared de algún decimonónico edificio - ¡choche un sencillo pe barrio! -. Pedro los mira, los venia mirando hacia rato. Pasa rápido pero seguro. Los humanos fuimos (somos) animales, como los canes o felinos presentimos el miedo, lo olemos. El no tiene miedo, solo frunce mas el ceño.&lt;br /&gt;Mas adelante, antes de la avenida España, un perro muere, anónimo y solitario. Algunos pasan, le patean; no se dan cuenta. El perro lucha, no se ha abandonado, no quiere cerrar los ojos. Por ese par de pequeñas aberturas oblongas ve el mundo, parece que llora. Es solo un montón de huesos cubierto por pellejo. Tiene la panza hinchada y pelada, miríadas de pulgas lo acompañan -no creo que las sienta-, piensa.&lt;br /&gt;Ahora sin querer, no creo que queriendo, alguien lo pisa de verdad. Pedro tiembla por él que ya ni se mueve, frunce el ceño, ve la espalda homicida perderse, desaparece. No se movió, piensa, sigue ahí, no gimió, inmutable en su agonía. Su suerte esta echada.&lt;br /&gt;Av Wilson con Av. España, luz roja, la ola se detiene. Otra vez autos, monóxido, cláxones. Voltea, el perro yace ahí, intacto. Un monumento al olvido, a la insensibilidad, como la abuela mendiga de mas allá. Sentada en el suelo, recostada sobre un muro, luce momificada ante la indiferente mirada (los que la miran, sobretodo de casualidad) de los transeúntes. Hay quienes no miran, como quien no mira una piedra, como quien no mira lo que no importa, como quien no mira lo que no llama la atención. El tiempo ha tatuado una mueca dolorosa en aquel rostro cuarteado, de mil pliegues. Pero no llama la atención. En Lima ya no llama la atención, en Perú ya no llama la atención, piensa. Es como ver autos por las pistas y gentes por las calles, como ver puestos de periódicos, como ver niños lustrando botas, raquíticos y sucios, con las panzas enormes, llenitas de parásitos. Como ver niños, también, esperando con paciencia, la cara pegada a la ventana fuera de un restaurante, listos para quitarse entre ellos las sobras mal olientes de algún “generoso comensal” necesitado de limpiar la conciencia; siempre y cuando este no tenga perro, por que si lo tiene, esos niños no existirán. Como ver las iglesias del centro de la ciudad, como ver los cerros que abrazan Lima, como ver la niebla pulular ahogando el espacio, como ver cientos, miles de canes raquíticos que por ahí deambulan, con las panzas hinchadas, también, de parásitos. Como ver lo que se ve todos los días, como ver lo que se ve sin ver, aunque todos sepan que están ahí, pero nadie quiera ver. Como ver, al fin, gallinazos. Los olvidados, piensa.&lt;br /&gt;Luz verde, sigue la ola. Mientras avanza sobre el asfalto que quema, observa. – ¡Cuanta gente!-. Así es Lima, recuerda al perro: una panza. Así somos, mira la ola que cruza, y las otras también, las de mas allá, las que avanzan en cada esquina: una pulgas. La panza sucia, Lima sucia. Sigue andando, ahí esta, piensa. Ya lo ve, antes de la Av. Colon. El edificio burocrático se levanta colosal e imponente representando al estado. Así son, piensa, garrapatas, ávidas y robustas de sangre del perro moribundo. El Perú es el perro, pobre perro.&lt;br /&gt;Mira su reloj, las tres de la tarde. Ahora si, completamente empapado. Saca papel higiénico del bolsillo trasero. Se limpia la cara, las sienes, las patillas, luego los zapatos y se ajusta la corbata. En la puerta dos guardianes de expresiones severas y maneras brutales lo detienen.&lt;br /&gt;- ¿Dónde va? -, inquieren&lt;br /&gt;- Buenos días - los mira -Vengo a dejar mis papeles para…&lt;br /&gt;- ¿viene por trabajo?-, no lo miran, revisan un cuaderno.&lt;br /&gt;- así es – otra vez sudando. Mecánicamente ya han alzado el brazo, señalando – la otra puerta – añaden arrogantemente.&lt;br /&gt;Ojalá adentro haya aire acondicionado, piensa, desea, ojalá.&lt;br /&gt;- ¿donde va? -, otra vez.&lt;br /&gt;- Buenos días, a dejar mis papeles para…&lt;br /&gt;- ¡Documentos!, lo calla el tipo. Se parece al otro, piensa, todos son iguales. Por un momento mínimo no le responde. Pedro rumia su rabia, la mastica solo para volverla a pasar, esta vuelve rabiosa, quiere ser. La rabia rabiosa, contenida en su boca. Un estentóreo bocinazo consume el tiempo mínimo.&lt;br /&gt;Pedro estira la mano, tenga, dice. El tipo toma el documento, lo observa fugazmente y con pereza lo devuelve. Es alto, fornido, mas bien gordo, lleva un corte de pelo marcial que resalta más sus pómulos, su piel cetrina brilla grasosa, el sudor le lame el cuello, la frente. Pase…&lt;br /&gt;Avanza unos pasos -¡oiga, oiga!-, otra vez esa voz indómita, chabacana. -¡su mochila, que trae en su mochila! Se detiene y regresa lentamente, tenso: - ábrala y vea -, agrega secamente, la mirada fija en sus ojitos amarillentos, ábrela pues serrano conchatumadre, piensa. El gordo no la abre, solo la arruga, palpa. Siga…&lt;br /&gt;Ya adentro se asfixia. No, no hay aire acondicionado. Hay mas gente que afuera, piensa. Todos sudan, murmuran. Algunos valientes llevan sacos, otros van como el, con camisa. Se han formado pequeños grupos que ríen cómplices y miran a los otros de reojo. Hay pocas bancas, todas ocupadas. Desde fuera se dejan oír los rugidos de los motores, desde fuera entra rabioso el vaho caliente, la humedad y el sopor que se apoderan del enorme hall. La mayoría se abanica con sus papeles, otros, aunque pocos, soportan de pie, estoicamente, llevándose un pañuelo a la cara maquinalmente. El murmullo crece y se han definido ya grupos mas amplios, Pedro se va quedando solo. Debiste haber llevado dos botellas de agua, piensa.&lt;br /&gt;Transcurre una hora de mil minutos, el murmullo se han intensificado y el, al fin, se ha quedado solo. Del corazón de algunos círculos explosionan sonoras carcajadas. El sol en su estomago esta en mediodía, le calcina las entrañas. Un gustito acre ha trepado por el esófago y ha acaparado su boca, vuelve su aliente agrio. Agua, clama en silencio, me cago de sed. Pero también de hambre, Pedro.&lt;br /&gt;-Hasta que hora nos van a tener acá estos abusivos-. Pedro vuelve la cabeza, lo ve. Es uno de los valientes, lleva saco, muy grande por cierto, casi le llega a las rodillas. El cabello al rape, mal afeitado.&lt;br /&gt;-Desde que hora estas acá?-, agrega.&lt;br /&gt;-Poco mas de una hora-.&lt;br /&gt;-A mi me citaron a la una y mira…no he almorzado- responde tranquilamente. –Parece que pretendieran quedarse con los mas valientes, con los que aguanten este calor de los mil diablos. Ya muchos se han ido, los he visto. Pobres tipos, desde que hora habrán estado-.&lt;br /&gt;-Quizá toda la mañana- responde Pedro.&lt;br /&gt;-Quizá, ¿y tu de donde vienes?.&lt;br /&gt;-De Ate.&lt;br /&gt;-Yo vengo de Villa el Salvador.&lt;br /&gt;Por unos minutos quedaron en silencio, observando la multitud&lt;br /&gt;-¿Cómo te enteraste de la convocatoria?, continuo el valiente.&lt;br /&gt;-“El Comercio”.&lt;br /&gt;-Dicen que son pocos puestos, como cincuenta.&lt;br /&gt;-mmm…- asiente Pedro, sin mirarlo. Y aquí hay como quinientos, acaso mas, piensa.&lt;br /&gt;-La situación esta jodida, yo no trabajo hace un año.&lt;br /&gt;-Si, jodida, bien jodida.&lt;br /&gt;Otra vez ese lapsus, ese silencio caliente.&lt;br /&gt;-¿No tendrás un poco de papel?, estoy sudando mucho, esto es un sauna.&lt;br /&gt;Busca en su bolsillo.&lt;br /&gt;-No tanto-, dijo el valiente, -poco nomás-.&lt;br /&gt;Todo el ambiente esta caldeado. Pedro estuvo tentado a dimitir, de mandar todo al olvido y largarse. Le dolían los pies, pensó si no estaría mal sentarse en suelo, aunque sea un ratito. Giro la cabeza hacia la entrada, la gente seguía llegando, en mangas de camisa, mas valientes ensacados. Los grupos se habían fundido, se había formado una masa compacta. Una masa que iba y venia como el mar cuando se mece, una masa que miraba a la puerta al unísono. ¿Mas?, ¿Mas gente?, nadie se iba, solo entraban, nadie salía. Para escapar hubiera tenido que avanzar bruscamente, abrirse un camino a codazos y empujones.&lt;br /&gt;-Esto parece un concierto- dijo de repente el pequeño valiente- o un baile, el baile de los que sobran, agrego riendo de buena gana. Pedro intento sonreír, pero solo logro una mueca estúpida.&lt;br /&gt;El aburrimiento había dado paso a la desesperación, la calma y la paciencia habían colapsado. Caras confusas de ojos abiertos e inyectados buscaban algo.&lt;br /&gt;Apenas salga me voy a un restaurante, me meto al baño y tomo agua del caño, a la mierda, piensa. Una sensación de alivio lo sosegó. Si, eso haría. En casa lo esperaría una limonada o una chicha morada, una ducha fría, fresca. Su mama le preguntaría -¿Cómo te fue cholito?, -Bien mama, con un currículo como el mío, quinto superior en San Marcos, imagínate, pan comido. Luego se distraería un rato, televisión o alguna revista, visitaría a su enamorada ¿Hola mi amor, como te fue?, gente como mierda princesa, casi muero deshidratado, hay que esperar, pero creo que lo logro. Después un besitos, dos, ¿vamos a tu sala amorcito? Luego a ver el periódico, a ver cuales quedaban pendientes. Mañana iré a este, a este, y a este, imprime tres curriculums mas flaquita. Uy, se acordó, hoy juega la “U”. Sonrió. Y a mi que chucha, tengo que encontrar trabajo, pensó.&lt;br /&gt;De repente el murmullo de la masa cesó. Todas las miradas giraron en silencio a la entrada. Algo pasaba. Afuera, tras las puertas de vidrio, un grupo pequeño discutía con vehemencia. Querían entrar. Los guardianes permanecían inmóviles. De repente uno intento cruzar el umbral y fue irasciblemente atajado. Luego otro, otro y otro, y empezó. Afuera un forcejeo y conato de bronca. Adentro pifias, silbidos.&lt;br /&gt;- ¡déjenlos entrar!, grito alguien.&lt;br /&gt;- ¡no, ya somos muchos!, respondió otro.&lt;br /&gt;En realidad no cabía nadie mas. Ahora si, todos estaban atrapados entre todos. Las pifias seguían y crecían. - ¡Abusivos! -, se empezó a oír.&lt;br /&gt;Un hedor nauseabundo, mezcla de sobacos, de pieces, de alientos ácidos de estómagos vacíos cundió. Se buscaba un culpable.&lt;br /&gt;- Agarra bien tus papeles -, dijo el pequeño. Pero no podía, era imposible ya moverse. Mierda, pensó. – ¡Queremos trabajar! -, grito una voz violenta, hastiada, mas que furiosa, rencorosa. Algunas voces lo secundaron en su arenga, solo algunas. Luego mas. En dos minutos, todas.&lt;br /&gt;- ¡Queremos trabajar!, ¡Queremos trabajar!, ¡Queremos trabajar!.&lt;br /&gt;Los puños arriba, las mangas remangadas, corbatas sueltas, bailando sobre la camisa sudada-pegada. Pedro miro alrededor, asustado, el pequeño valiente había desaparecido. Como volatilizado, simplemente no estaba mas.&lt;br /&gt;- ¡Queremos trabajar!, seguía coreando la masa multicefalica. Los guardianes habían abandonado esas expresiones severas y autosuficientes sustituyéndolas por carazas estupefactas de mandíbulas sueltas, caídas, la bocaza abierta, los ojos grandazos. Los grandes ventanales se remecían, parecían querer quebrarse ante los bramidos de aquella marea humana.&lt;br /&gt;Se estaban cociendo vivos, asando vivos. Pedro miro hacia la puerta, estoy muy lejos, pensó. Intento avanzar, varios cuerpos lo contuvieron, rígidos y beligerantes, no dejaban pasar a nadie. - ¡Nadie se va!- dejo oír una voz ronca, de edad, mas allá.&lt;br /&gt;Desde afuera se oían otra clase de gritos. El pequeño grupo que inicio todo había ido creciendo. Los guardianes confundidos, se miraban, hablaban por radio. Esperaban órdenes.&lt;br /&gt;- ¡Abran la puerta!- grito una voz de ronca, de mil noches tomadas.&lt;br /&gt;- ¿Se van a meter?, balbuceo Pedro incrédulo. No se como pero se van a meter, pensó al fin.&lt;br /&gt;- Abre la puerta cholo conchatumadre!&lt;br /&gt;- ¡Queremos trabajar! , ¡Queremos trabajar!&lt;br /&gt;De repente se elevo una cabeza sobre las otras. Una de cabellos crespos. Alguien debía estar de apoyo. No llevaba corbata, la camisa abierta, los puños remangados. Al principio pocos lo miraron. La masa dirigía miradas abyectas hacia arriba, donde las oficinas administrativas. Por algunas de sus ventanas se habían asomados tímidamente rostros asustadizos y algunos otros risueños. – Y todavía se ríen esos hijos de puta -, dijo un zambito al lado.&lt;br /&gt;De repente el descollante hablo.&lt;br /&gt;- ¡Compañeros! - siempre gritando, tratando de hacer equilibrio sobre los hombros de su pilar humano – vamos a establecer una comisión – trataba de demostrar calma, aplomo - para que suba a dialogar con…&lt;br /&gt;- Este esta huevon, murmuro el zambo, ¡Que quieres! ¿¡elecciones!? ahora gritó. El alzado busco con la mirada, rabioso. Nunca falta uno de estos conchatumadres, “la comisión la comisión”, parafraseó, este sube y se queda con la chamba.&lt;br /&gt;Otros, por otros lados, también habían pensado lo mismo. Surgieron voces de protesta chitandolo.&lt;br /&gt;- Oye bájate y no jodas – grito alguno por ahí.&lt;br /&gt;La cabeza crespa se redujo, giró la mirada confundida en torno a la masa multicefalica. Primero enervado, después remansado, calmado; luego asustado. Se doblo y fue bajando en cámara lenta.&lt;br /&gt;- ¡Den cara cobardes! Grito alguien.&lt;br /&gt;- ¡Cobardes! ¡Cobardes!, -Estoy tres horas-, -Yo seis horas-, -¡Nadie me ha dicho nada!&lt;br /&gt;Una confusión de reclamos indignados se sucedían, incrementándose geométricamente, entrelazando sus palabras, sus silabas. Al final no se oyó nada, todos gritaban al unísono, por momentos una palabra soez despuntaba.&lt;br /&gt;Pedro había logrado avanzar a paso lento, mimetizándose entre las gentes, escabulléndose como lagartija por los pequeños recodos que dejaban los caldeados cuerpos. Sin darse cuenta la marea lo había alejado demasiado de la orilla, hasta casi chocar con la pared. Nado como pudo. Estuvo en un intenso vaivén durante media hora o mas. Cuando logro la puerta, alguien había organizado una tranca humana. Eran como tres de los valientes y cuatro con camisa, que entrelazados sus brazos repelían a los pocos fugitivos.&lt;br /&gt;Sus rostros duros denotaban convicción, nadie saldría.&lt;br /&gt;Se mantuvo como pudo cerca de la puerta esperando la oportunidad, resulto una proeza mantenerse así. Otros también querían salir y lo avasallaban tratando de romper la cadena humana que tapiaba el umbral a la libertad. Cuando se dio cuenta la fuerza de una corriente corpórea lo halaba tanto que creyó se partiría en dos.&lt;br /&gt;Pronto la gran mayoría ceso en sus gritos y arengas, poco a poco una alfombra pintada pánico fue extendiéndose sobre las cabezas de la muchedumbre. Más y más gente fue abalanzándose hacia la salida. Los eslabones de hombres que conformaban la cadena fue cesando más por la fuerza que por la razón. La cadena humana se rompió y se esparcieron desordenadamente todos. Algunos valientes, los que salieron primero, fueron pisoteados. Pedro resulto tendido al costado de la pista, un auto paso asesino por su costado, sintió el motor rugir reventándole los tímpanos. Con la mirada aun borrosa observo miradas de gentes extrañas. Se incorporo y vio. Así, muchos cuerpos yacían sobre el pavimento ardiente lamentándose. Otra alfombra, de sangre, fue extendiéndose sobre la calle, de algunos cuerpos sucios que gritaban desconsolados. Otros cuerpos, pesados y silenciosos no se movían. En vano trató de encontrar su mochila, no estaba. Desde adentro aun salían jóvenes corriendo, con caras asustadas, no se detenían, se perdían por las esquinas. Se oyó una sirena, ¿o serian dos?, quizá tres Pedro, quizá mas.&lt;br /&gt;Recostado sobre un escuálido árbol Pedro vio una ambulancia y tres patrulleros, todos los policías bajaron raudos, también corriendo. Los transeúntes se aglomeraron en torno a la puerta. Dos cuerpos inmóviles eran los protagonistas. Si, eran ellos: los guardianes, pisoteados. Ropas raídas y un gesto de pánico se habían tatuado en sus rostros. De sus cuerpos brotaba un ínfimo riachuelo rojo. La estampida humana los arrastro un par de metros, sus cráneos estaban destrozados, horriblemente deformados. Tembló un momento, luego con desgano se fue alejando. Unas punzadas en las piernas debilitaban su andar. Sobre la acera aun yacía el perro, su mirada era oscura. Sus ojos, al fin, se habían cerrado. Se alejo despacio, tras de si el sol se ponía orgulloso, también rojo. En su estomago el sol seguía en mediodía, en su bolsillo… -¡Mierda!- el sol ya no había. Mal día, penso, mal día.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1223977511728865188-6547198132079606814?l=demasiadaverdad.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://demasiadaverdad.blogspot.com/feeds/6547198132079606814/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1223977511728865188&amp;postID=6547198132079606814' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1223977511728865188/posts/default/6547198132079606814'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1223977511728865188/posts/default/6547198132079606814'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://demasiadaverdad.blogspot.com/2008/04/tres-soles-un-mal-da.html' title='Tres soles, un mal día.'/><author><name>m</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16029197730510583380</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1223977511728865188.post-6053694704337015689</id><published>2008-04-18T21:31:00.000-07:00</published><updated>2008-04-18T21:32:53.184-07:00</updated><title type='text'>mi verdad...</title><content type='html'>siempre hay algo que decir. estas es mi verdad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1223977511728865188-6053694704337015689?l=demasiadaverdad.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://demasiadaverdad.blogspot.com/feeds/6053694704337015689/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1223977511728865188&amp;postID=6053694704337015689' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1223977511728865188/posts/default/6053694704337015689'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1223977511728865188/posts/default/6053694704337015689'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://demasiadaverdad.blogspot.com/2008/04/mi-verdad.html' title='mi verdad...'/><author><name>m</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16029197730510583380</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
